Artículos, Guillermo Fuentes

Las vicisitudes de la mente

lightbulb-1875247_1280La mente humana rehúye el presente cuando éste le genera conflicto, entonces toma dirección en dos ámbitos posibles, el pasado o el futuro.

La vida sucede en un presente continuo, es condición natural de nuestra existencia. Sin embargo, para la mayoría de las personas no es posible mantener la atención en el presente en todo momento, y con frecuencia estamos recordando sucesos pasados o fantaseando con proyecciones de un futuro que sólo existe en nuestra imaginación.

¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué constantemente nos alejamos del presente para divagar en el pasado o el futuro?

Los seres humanos somos la conjunción de cuerpo, energía e información. Cuando el cuerpo, por medio de los sentidos experimenta una sensación, ésta activa el mecanismo de las emociones, las cuales casi de inmediato son procesadas en la mente como información entrante y saliente.

Si la sensación experimentada es reconocida como placentera, surge el deseo de que continúe para seguir disfrutando. Entonces desarrollamos apego a eso que produjo la sensación de placer. En contraparte, si la sensación es percibida como desagradable, deseamos que no continúe, con lo que desarrollamos rechazo o aversión.

Pensemos, por ejemplo, en una panadería y el olor del pan recién horneado. Al entrar en ella la sensación llega a nosotros a través del aroma que percibimos, el cual desata emociones diversas. Si el aroma es percibido como exquisito, pudiera despertar en nuestro interior hermosos recuerdos, digamos de la infancia cuando felizmente acompañábamos a nuestra madre a comprar el pan. Por el contrario, puede suceder que el olor de pan recién horneado nos sea desagradable, tal vez porque evoca un recuerdo doloroso de nuestro pasado. Entonces podríamos sentir un profundo rechazo y la necesidad de alejarnos cuanto antes de ese lugar.

En ambas situaciones, la mente reacciona ante un estimulo externo, el cual despierta una memoria en nuestro cuerpo y automáticamente nos trasladamos al pasado por un apego, el amor maternal, o por una aversión, el evento doloroso.

Siguiendo con el mismo ejemplo, también cabe la posibilidad de que la reacción al aroma del pan no evoque recuerdo alguno. Pero como la sensación resulta placentera, generamos apego y deseamos que continúe, lo que nos lleva a fantasear en cómo perpetuarlo. En cambio, si la sensación nos fue desagradable, la fantasía se puede proyectar en lo bien que nos sentiremos cuando eso termine.

En ambas casos el conflicto es inevitable. Toda proyección de la mente al futuro es la semilla de un conflicto, pues el futuro nunca será exactamente como lo imaginamos.

La mente humana es juguetona e inquieta por naturaleza. Va y viene reaccionando a todo cuanto sucede como un monito juguetón. Lograr que se mantenga quieta en el presente por el mayor tiempo posible, es todo un desafío para quien decide despertar su conciencia. El primer paso e indispensable es reconocer nuestros apegos y aversiones. Después es necesario aprender a no reaccionar ante los innumerables estímulos del día a día. Para ello las prácticas meditativas, el Qì gōng o el Yoga, cuando se realizan correctamente y bajo la guía de un experto, son ideales en ese propósito.

Serenar la mente es un trabajo arduo que requiere de voluntad y constancia. Poco a poco, con mucho amor y paciencia se van logrando los resultados y podemos alcanzar un estado de paz que nos permite vivir felices en el presente continuo al que llamamos la vida.

Por Guillermo Fuentes García

 

Descarga aquí el pdf: Las vicisitudes de la mente. Oct 2019

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