Artículos, Guillermo Fuentes

Silencio necesario

Photo by Guillermo Fuentes García

“Los taoístas y los budistas comparten la opinión de que todo pensamiento, palabra y obra tienen un eco que nos es devuelto por la realidad. De ahí la importancia de regular la respiración, lo cual a su vez condiciona la calidad de nuestra mente, nuestra habla y nuestros actos.”

Lou Marinoff.  El poder del Tao.

Quien habla mucho respira poco. El buen orador sabe hacer pausas, cambiar de tono, hablar despacio y guardar silencio cuando el silencio es necesario.

La acción de emitir sonidos está vinculada a la expulsión del aire. Cuando una persona habla, canta o grita, el aire que libera hace vibrar sus cuerdas bocales, encargadas de generar el sonido de la voz.

La filosofía del Qì Gōng (se pronuncia Chi Kung) y de la ciencia médica china, además, entienden la respiración como un acto compuesto por dos movimientos: el movimiento Yin, inhalar para entrar oxigeno. Y un movimiento Yang, exhalar para liberar el dióxido de carbono.

Cuando hablamos lo hacemos desde el movimiento Yang, de exhalación (también es posible generar sonido al inhalar, pero requiere de práctica y no es lo habitual). El habla es, por norma común, una acción Yang, en la que liberamos lo que hay en nuestro interior. Sin embargo, todo Yang requiere de su contraparte Yin, que le aporta anclaje y genera equilibrio. El habla no es la excepción, para exhalar es necesario inhalar. Y las pausas y los silencios son ese instante que permite recuperar el aliento. Volver a oxigenar.

Hablar de forma acelerada o sin parar, da como resultado un aumento del Yang. Lo que genera fuego, que en exceso consume el agua. En otras palabras, al hablar en demasía y sin pausas, impedimos que el intercambio gaseoso sea efectivo, no liberamos suficiente dióxido de carbono ni obtenemos el oxigeno necesario. Esto provoca un desequilibrio que, por un lado, compromete la correcta oxigenación de las células, y por el otro, mantiene desechos tóxicos dentro el cuerpo. Un habito que con el tiempo puede conducir al deterioro de la salud.

Por este y otros motivos, el Qì Gōng, al igual que diversas técnicas meditativas o sistemas de trabajo introspectivo, tiene como fundamento favorecer los estados de silencio. Pues el silencio invita a tomar conciencia de nuestra respiración, lo que permite modificar nuestros hábitos respiratorios y oxigenarnos mejor. Y las células cuando están bien oxigenadas viven más, trabajan mejor y se regeneran a mayor velocidad. Además, nuestros pensamientos son más positivos y nos acompaña una sensación de plenitud ante la vida. Un círculo virtuoso de salud y bienestar que irradia alegría.

Las pausas en un orador son, por lo tanto, un signo de salud y maestría. Demuestran que ha aprendido a gestionar el espacio entre los sonidos. Un don que requiere de práctica, y que favorece el equilibrio de nuestro Yin-Yang interno. El silencio en una persona es señal de sabiduría. De quien ha aprendido el arte de callar, y sólo habla, cuando debe hablar.

Guillermo Fuentes García

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